Para bares
Ven Paper Plane, Last Word, Penicillin y no tienen ni idea de si eso es dulce, fuerte, largo o ahumado. Así que piden lo único que ya conocen.
Cocktailor pone un panel de sabor detrás de un código QR. Ocho controles, sin vocabulario de coctelería, y tu carta se reordena sola según lo que esa persona quiere de verdad.
Después, 22 € al mes. Sin tarjeta para empezar. Tu carta sigue online aunque dejes de pagar.
Una cámara y dos segundos. Sin app, sin cuenta, sin muro de cookies.
De seco a dulce. De ligero a fuerte. Ahumado, si va con el momento. Salta lo que te dé igual.
Un toque y aparece el nombre en letra lo bastante grande para enseñarlo al otro lado de una barra ruidosa.
Cada copa lleva ocho números, no un puñado de etiquetas. Las etiquetas se desvían y cada bar las escribe a su manera; un vector se puede comparar. Mueve tres controles y el orden es matemática de verdad corriendo en el móvil: sin ida y vuelta, sin ruedita, sin retraso entre el dedo y la lista.
Treinta clásicos vienen puntuados a mano por una persona, no por un modelo, para que toda la biblioteca tenga una columna vertebral. Todo lo que añadas viene precargado y tú lo confirmas.
Un JSON, una hoja de estilos, sin framework. Se pinta en bastante menos de un segundo con el wifi que hay de verdad en los bares, y la lista se lee antes de que llegue nada de JavaScript.
Quita una copa desde el móvil entre dos comandas y desaparece de la pantalla del siguiente cliente. Sin reimprimir nada, sin tachar nada.